Querido Rodrigo:

Rodrigo,
me dió mucho gusto encontrarte. Tenía mucho tiempo que no sabía de ti, y volver a platicar contigo, como antes hacíamos, me hizo volver a vivir los buenos tiempos en que compartíamos algo más que nuestra relación propia de compañeros.
El tiempo ha pasado, y estás ya por terminar tu carrera. Recuerdo cuando entraste, te veías ilusionado con todo lo que estaba a tu alcanze. Siempre supe que ingresar a la carrera significaba un escalón más en tu sueño de convertirte en un agente de cambio dentro de tu comunidad. Pero debo confesarte que, a la vuelta de los años, no veo ya en ti a esa persona llena de vida que solías ser. Te vi triste, con tu mirada perdida en no se que pensamientos, serio. Ya no me llenaste de esas historias que día a día me contabas, entre risas y juegos de lo que un fin de semana antes habías hecho. Ahora, a punto de concluir, te noto perdido entre el futuro, tus sueños y tu actual vida.
¿Dónde quedó ese Rodrigo lleno de energía y de sueños que conocí? ¿Dónde aquél que lo mismo podía hablar de un buen libro, de la noticia del día, de la telenovela del momento, del antro de moda, y dominarlo todo a la vez? ¿Dónde aqule a quien el mundo le parecía pequeño, poco para sus ambiciones? ¿Dónde aquel que parecía ser quien nos marcaba el paso a nosotros, a tus compañeros y amigos? ¿Aquel que, no me apena decirlo, era nuestra guía, nuestro casi ídolo?
Siempre admire tu sinceridad, tu forma de ser, tu desparpajo, tu aparente vulgaridad, la confianza que aun irradias, y esa extraña manera de hacer lo que siempre te venía en gana. Y hoy, lo siento, no vi casi nada de aquel Rodrigo. Vi, eso si, a una persona perdida, un tanto a la deriva de lo que pueda pasar, pretextando con cualquier cosa el no avanzar más en ese camino que tenías tan perfectamente trazado; vi a alguie asustado, temeroso, ingenuo, lejano de aquella figura de líder... triste, te vi triste, y esa tristeza es la que más me asusta...
Yo sigo siento tu amigo, a pesar de los años, las buenas cosas persisten. Y por eso mismo, es que me atrevo a decirte todo lo que te he expuesto en los párrafos anteriores...
Aunque sabes que tienes mi mano, se que no la necesitas, porque tú mismo eres capaz de levantarte de nuevo...
Cuenta conmigo.
Te quiere:
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