Un Miércoles para el olvido

Amaneció lloviendo. Y todos los servicios de taxis de Ciudad Guzmán -dos-, al tope, asi que me armé con el paraguas enorme de mi mamá y me fui caminando a mi trabajo, como siempre... Llegué a tiempo, pero desfallecido. Apenas si alcanzé a llegar a mi área de trabajo, y sólo atiné a sentarme y medio recostarme sobre la mesa, me sentía muy débil, con calor, mareado, con náuseas... y claro, no falta el inoportuno que sale con que andaba crudo... o sea, en su cabecita no caben más causas de sentirse mal que el estar sufriendo las molestias naturales que suceden a una noche de alcohol.
Me recomendaron que fuera a tomarme una Coca Cola. Y la cabrona máquina no tenía más que jugos de guayaba, y como no me quiso regresar mis monedas, tuve que comparme el mentado jugo... creí sentirme bien, pero me percaté de que mis manos temblaban. Al carajo, ¿para qué le hacía al valiente? Pedí permiso para irme al servicio de urgencias del IMSS.
Claro que llegar fue otra odisea. No había taxis, seguía lloviendo, y no pasaba ninguna ruta de autobús que me llevara al hospital. Así, casi media hora mojándome, hasta que vi a un taxista y casi me le pongo enfrente para que se detuviera. Una señora que tambien iba al IMSS se dio cuenta y que nos la llevamos... yo con mis cosas, y ellos todo el camino hablando de que si llovía mucho, que si no, que si las mazorcas, y yo por dentro de 'ya cállense'.
Al fin, llegamos al IMSS. Hasta eso, no esperé mucho, aunque el médico envió a que me hicieran dos exámenes, uno de glucosa, y el otro que de hepatisis. Ash. Y de aqui a que tuvieron el resultado del segundo, se me hicieron las 12 y media, tiempo en el cual me compré y lei el periódico, intenté leer un libro, le di una vuelta por fuera a todo el hospital, recibía mensajes de mis compañeros de trabajo -y una (in)esperada llamada de :A:-, desayuné, me quise dormir, fui a orinar dos veces... Todas las molestias de casi cinco horas de espera se me hicieron nada, cuando me confirmó el médico que nada, que cero hepatitis, que cero que ver su hipótess, que todo era una baja de azúcar, y que siguiera con el tratamiento para la infección que desde días atrás me aqueja.
Salí tranquilo, tomé mi autobús de regreso a casa, y llegué a hacer lo que en verdad ansiaba: dormir.