Angoisse

Mi mamá está enferma y no sabemos con certeza que es lo que la aqueja. Lo que nos enferma a todos es verla asi, disminuida, apagada. De nuevo las medicinas, exámenes y médicos se vuelven términos de uso común en casa, y con ellos, la angustia, la incertidumbre, el miedo.
Con ella enferma nos enfermamos todos. A todos nos duele, a todos nos va quitando un poco de vida.
La tranquilidad con que debería de tomar los acontecimientos se escapa corriendo por detrás de la puerta, imposible de alcanzar en la selva urbana que solo deja tras de si el sentimiento de sentirse más solo que nunca, sólo, en medio de las manadas humanas que día a día recorren los gastados caminos de la ciudad. Sólo, desamparado ante el egoísmo de los orgullos heridos con los pétalos de una rosa que se deshoja segundo a segundo, desnudando tras de si lo que verdaderamente somos.
Mi mamá está enferma, y con ello mi mundo se pone en pausa, se deja de sentir, de pensar, y se da paso tan solo a los instintos primitivos de proteger a los propios. Nada hay que me pueda sacar de este espasmo emocional en el que estoy. Ni siquiera la noticia de mi ascenso logra al menos sacudirme un poco.
Mi mamá está enferma, y juntos, tan solo esperamos que lleguen las buenas noticias, que tienen el mismo derecho de ser recibidas que las no deseadas. La evolución es lenta, y quiero creer, quiero ver que es favorable.
Mi mamá está enferma, y con ella yo. Todos. Y asi, entre todos, debe de sanar, debemos de hacerlo. Todos.