Historias con sabor a café

Me levanto y ando, dirigo mis pasos al Oxxo más cercano, dispuesto a vencer mi modorra vespertina, todo con tal de conseguir mi objeto deseado, saciar mi tentación de paladear un café helado.

Llego, ubico las surtidoras, y noto algo extraño. Dudo, recorro el lugar con la vista, y comienzo a sentir a ansiedad de no ubicar la expedidora de mí café. Es decir, la única que úbico está casi vacía, apagada.

Me dirigo a quien atiende, respondiéndome que 'claro que si tiene', y no dudo, no quiero dudar, a fin de cuentas, es un Oxxo, siempre hay lo que una persona como yo, simple mortal, busca en momentos de antojo. Tomo el vaso en mis manos, presiono el botón, y tiemblo al darme cuenta que no caen más de diez gotas del líquido café claro, las cuales intuyo ni frías están. Y quien segundos antes me había sonreído al decirme que 'claro que si tenía', sin perder la sonrisa de su cara, me dice que 'no hay'. No se que hacer, enojarme, comprar algo más o regresarme rendido.

Tomo el malogrado vaso, con sus diez gotas de líquido tibio y cafe claro, lo dejo en el mostrador y, con cierta rabia por tener que caminar más, decido ir al segundo Ocso más cercano a mi casa, lo cual implica atravesar varias calles, atestadas todas por las manadas urbanas que salen de sus trabajos.

El clima es un poco frio, pero agradable a la vez, y mis apresurados pasos sortean fácilmente autos, personas, pilares y puestos, y al fin llegó a la esquina del segundo Oxxo más cercano a casa. Me dirigo a la máquina expendedora y... no hay vasos. Ahí está el café, girando interminablemente, una tras otra vez, y no más que los vasos que indican en su costado que me cuide del contenido, pues está muy caliente. Y yo lo que quiero es frio, no caliente. De nuevo busco, otra vez me dirigo con el encargado, quien, una vez que le he expuesto mi necesidad, va y saca de detrás del mostrador un vaso. ¿Por qué los tendrá escondidos? No lo se, y a fin de cuentas ya no me importa, como niño que al fin cumple su capricho, presiono alegremente los botones y veo caer lenta, pesadamente ese líquido espeso, café, que poco a poco entume, primero mis dedos, luego mi mano y, minutos despues, mi boca.

Al fin, desembolso mis $18.00 pesos, y a cambio recibo un popote y una bolsita con una galleta triturada. Supongo que a falta de granillo, será la galleta triturada lo que acompañe a mi café. En realidad no me interesa tanto eso, ta solo poder, ya, sorber del popote y sentir como el café va llenando mi cuerpo, saciandome a placer mi deseo.

Bien contento chupándome mi kfreeze