Al final de un día gris

Hay momentos que ya se saben van a llegar, y son las que lastiman más no poder ser más que un testigo que no hace sino observar, sin poder intervenir, en esos acontecimientos que duelen.
Hoy Mario, a quien designé como mi Personajazo del año 2007, el mismo sin el cual no se explicaría buena parte de todo lo acontecido en los últimos meses, el siempre imposible de descifrar, el hombre que parecía vivir en una fiesta que no terminaba nunca, el que pareció corresponsable en mi ruptura sentimental, el que a su vez me armaba las alas para poder volar, el que me causaba ira ante su indiferencia al no querer ver como se dirigía hacia la trampa en la que finalmente ha caído.
No soy nadie para juzgar, y mucho menos el indicado para expresar nada que no me corresponda, los detalles aqui salen sobrando. No soy sino quien, tal y como en aquella primera despedida, que tal vez es ésta misma que no termina de decir adiós, lamenta enormemente esta, la definitiva partida, la que duele más por ver reducido a mi Personajazo a una sombra de lo que fue, herido, denostado, silenciado, eliminado.
Ya habrá tiempo para que todo tome su lugar, para evaluar críticamente, para dar paso al recuerdo de los muchos buenos momentos, para no olvidar los malos, para tomarse un segundo y volver a empezar, seguir en este sinuoso camino que a veces nos muestra grandes socavones por sortear. Por ahora, solo resta despedir dignamente al Amigo, esperando, si es que la hay, la oportunidad del reencuentro.