El tedio

Ya cuando ni el internet ni la televisión, ni una buena película o la lectura de algún libro logra sacarme de la rutina, es la clara señal de que el tedio ha llegado. Se pega como el calor, se te enreda como telarañas, se te mete a la boca y la vuelve reseca, los ojos se arden, el cerebro se aletarga. Y este calor, de nuevo este calor que se empeña en instalarse en la ciudad, que se enterca en plantarse como renegado social, en cada casa, cada pasillo, cada calle, en cada rincón de los enamorados que no dejan de amarse a pesar de la cada vez más anciana primavera.
Viva pues el tedio, enzalzemos sus virtudes, levantemos imágenes y encendamos veladoras, saquémosle a pasear por la mancha urbana, quémemos pirotécnias y embriaguémonos a su salud, sumemos las horas de la noche cantando y bebiendo, buscando con quien descargar la lujuria contenida, empatar los deseos y las miradas, las pieles salitrosas, las bocas embriagadas.
Ya pasará el novenario del tedio, está Junio por llegar.