El inventario

Aunque se le llama 'inventario semestral', apenas han pasado cuatro meses y de nuevo llega el tiempo de contar y contar, de las horas extras, del tedio que semestralmente aumenta, de la rutina laboral tirada al contenedor de los desechos, de los días de descanso trabajados, los conteos y preconteos, de abrir y cerrar cajas, de mover otras tantas, de detectar una y otra vez los mismos errores, de tener que tolerar los atrasos de los compañeros, de gastar papel a lo bruto, de enojarse, estresarse, y terminar riendo como mejor salida; de conocer mercancía que jamás volveré a ver, de toparse con bolsas llenas de cientos de sobrecitos de polvo para aguas frescas y tener que contar uno a uno, de pelear la escalera para poder supervisar techos; de esperar, pacientemente, a que llegue el día de la toma del inventario y volver a respirar tranquilamente... 13 días me separan de la meta, del tan ansiado lunes 28. 13 días más, dos semanas; esto apenas inicia, y ya quiero que se acabe.
Es verdad, cada vez odio más el inventario.