La más negra de las noches

Cada segundo aumenta la intensidad de la melodía nocturna que me arropa, la lenta marcha que no cesa, que me envuelve, me ata a cada nota que surge, acompañándome a la noche que es más enorme cada vez, ya quiero que acaba, que alguien venga y acabe con esta noche, la más negra y oscura de muchas, de todas; una noche sin luna ni estrellas, con el cielo tachonado de nubes, con pesadillas acechando debajo de la cama, detrás de la camisa que usaré mañana, en los zapatos que he de calzar cuando la larga noche llegue a su fin y vuelva a la luz del día.
El silencio agrandado permite que el más mínimo ruido parezca el lamento de algún sueño muerto, de alguna ilusión que murió de hambre a la espera de la nada, de las fantaías que se alejan corriendo en busca de barcos en los cuales puedan llegar a mejores puertos. Mis ojos apenas si distinguen el vacío que siento, tímidamente observando destellos de un pasado que hace mucho que se fue, y a pesar de todo huele, duele, sabe, siente, sofoca, mata, mata y no deja dormir, no me dejas dormir, no quiero dormir porque temo no despertar.
No es la medianoche aun. No ha pasado ni la mitad, no avanzan las malditas manecillas, el reloj es cómplice... la noche no avanza, la mañana no llega, el hambre pesa, el sueño no llega, acechan todos tras la puerta...
Amanece ya por favor, amanece y aleja de mis las tinieblas, amanece y déjame saber que podré escapar...