La Tachifiesta

...y asi como la naturaleza es capaz de destrozarlo todo en segundos,
así mismo, la suave lluvia, las tiernas olas, lo vuelven poco a poco todo a su lugar...

Haciendo una retrospectiva de esta semana, puedo iniciar el relato justo aquella noche del sábado 28 de junio, una noche que esperé impaciente a que llegara, un día de esos que se marcan en el calendario y se cuentan los días a que lleguen. ¿El motivo? la por mi bautizada Tachifiesta, que no era otra cosa sino la fiesta de cumpleaños de un buen amigo en el cercano Sayula. Y esa noche, siguiendo la filosofía popular, llegó como cualquier fecha, como cualquier plazo. Y debo confesar que la fuesta llenaba mis expectativas; no se en qué momento me nació el gusto por estar ahi, pero lo disfrutaba enteramente: música de Mónica Naranjo, cerveza fría acompañada de cacahuates, carne asada para cenar, y todo lo anterior enmarcado en un ambiente de fiesta infantil, con globos, confetti, serpentinas, espantasuegras y hasta una piñata con la imagen del Chavo del 8. Me sentía como un niño, y asi lo estaba disfrutando. Ni sentí las horas pasar, ni la tormenta nos amilanó, ni la madrugada cada vez mas extensa parecía cortar con mi alegría infantil redescubierta.

Pero... no se en qué minuto oscuro, en que segundo eterno el diablo se soltó, y lo que era hasta ese momento una fiesta se convirtió en un pandemónium lleno de locura, gritos, golpes, chillidos auténticos en medio de la noche. Y la esperada noche terminó para mi, despues de haber corrido en medio de la lluvia, sortear charcos y encaramarme en una patrulla de la policía local, bajo uno de los portales del centro de Sayula, a la espera del primer autobús que me trajera de regreso a mi casa.