Puerto Vallarta en frases sueltas

"La realidad me parece tan ajena y la fantasía tan propia"
Anónimo

Ante lo mucho que podría escribir y mostrar sobre mi viaje a Vallarta, y ante la misma imposibilidad de hacerlo de una forma detallada, he aqui algunas ideas generales sobre mi viaje, a fin de sintetizarlo un poco y no pecar de omisiones:

En PVR no llueve, el cielo se cae a pedazos; en cuestión de minutos el sol queda oculto y comenzaba una interminable lluvia que no paraba, inundándolo todo, envolviendo la ciudad entera en agua y más agua. Lo anécdotico es que a nadie parece importarle, la mayoría nos quedamos en la playa, y hasta las gotas de lluvia se sienten tibias.

"En el mar la vida es más sabrosa", dice la canción. No se si sea cierto lo de la vida, pero las cervezas vaya que si lo son; saben más ricas, más frescas, con más sabor... y también más pronto se terminan, una tras otra parecen apenas dosis pequeñas, a pesar de ser las comunes cervezas de media (con 9% más de no se qué, segun decía el envase de las Pacífico).

¿Por qué los vallartenses permiten que sus autoridades hagan lo que se les pone con el pueblo? ¿Por qué no defienden ese aire provinciano que es característico de la ciudad? ¿por qué no hacen nada ante la cada vez más aterradora acapulquización del puerto? ¿qué no entenderán que el valor de Vallarta es precisamente el no parecer una ciudad más, de las muchas que hay? ¿qué no sabrán que lo que busca el turismo depende en mucho de ese aire a paraíso que cada día se pierde más ante la invasión de edificios en lugares cada vez más absurdos? ¿estarán conscientes de que están por matar a la gallina de los huevos de oro?.

Mientras que en Ciudad Guzmán es una tienda cara, al menos en la zona donde estaba, un Oxxo es lo más barato que puedes encontrar. ¿Pues que acaso nos ven cara de gringos millonarios y pensionados a todos?. Punto aparte, descubrí que no aceptan tarjetas bancarias, como si anduvieramos con el monedero amarrado al cuello para todos lados.

¿Dónde están las bugambilias de donde el lanchero hizo una guirnalda a Rocío Dúrcal? por más que busqué y busqué, no las logré encontrar. Y no es la primera vez que lo hago.

Una vez más, no logré ver como amanece en el Puerto... Y gracias al clima, tampoco pude ver un atardecer típico de playa, donde el sol se vaya metiendo poco a poco al mar y llené de espectaculares combinaciones de colores el cielo. Pero gracias a que el autobús de regreso llegó retrasado, logré tomar unas imágenes que me dejaron satisfecho.

Hasta ahora supe que antes de ser llamado Puerto Vallarta, era nombrado Las Peñas de Santa María de Guadalupe, nombre que, de tan largo, pos supuesto se fue reduciendo hasta llegar a ser conocido como Puerto Las Peñas. Hasta que el 31 de Mayo de 1918, en honor de Luis L. Vallarta, se le llama Puerto Vallarta. Y no, él no nació ahi, sino en Guadalajara.

Muy bonito y todo, pero me harté de subir y bajar escaleras a fin de llegar al hotel. Para la próxima me hospedo en uno a nivel del mar, y no en aquellas alturas que regalan una gran vista, pero que me dejaban sin aire al llegar hasta arriba. Y hacer ese recorrido a las 4 de la madrugada, con algunas cervezas encima, es de locos.

El mar, al igual que la lluvia, se sentía tibio, rico. Me divertí como chiquillo metiéndome a las olas una y otra vez. Claro, con lentes de contacto y piercing recien puesto incluídos jajajaja.

Lo más chistoso: haberme quedado atrapado en el centro de Vallarta en medio de la tormenta del sábado. Fui testigo de como las calles se volvían cascadas, y yo sin poder irme por llevar mis dos cámaras conmigo. Claro, tengo todo grabado y fotografiado.

Lo peor: aparte de las escaleras interminables, las jetas de algunos trabajadores para el turismo. O sea, si no les gustra tratar con la gente, mejor que se vayan de pescadores, pero a Acapulco jajajaja. Aunque aclaro, son los menos, la mayoría de la gente sigue teniendo esa cordialidad y hospitalidad tan característica de la provincia. Lo bueno que hay gente como Mayela, mesero del Ritmo Beach Cafe, que nos atendía estupendamente.

Lo emocionante (dentro de lo emocionante): llegar, sin querer, a las esculturas de Richard Burton y Elizabeth Taylor junto a una iguana, homenaje a los personajes que lanzaron a Puerto Vallarta a darse a conocer en el mundo, resopnsables directos de lo que al día de hoy es el puerto, todo gracias a aquella película que sigue dando de qué hablar por su contenido y por ser filmada en el antiguo Vallarta, en blanco y negro, que ya no volverá: La noche de la iguana (ver entrada aparte).

En serio, cualquier se puede enamorar en el Malecón de Vallarta. Un paseo por todo el lugar es una novela en corto, con clímax e infinidad de personajes e historias incluídas.

Lo más peor...: tener que regresar. Aferrado hasta el final, nadie quiere volver a su punto de origen. Y peor cuando, de regreso a la relidad, la resaca se transforma en un síndrome postvacacional que, al menos a mi, no me dejó en paz varios días.

Y claro que hay más cosas, muchas más, pero como lo di a entender en una entrada anterior, lo que en Vallarta pasa, en Vallarta se queda, jajajaja. Queda esperar la que sigue. ¡Ah! y sobre las tres mil fotos que tomé a todo lo que se movía, próximamente las publicaré en mi espacio en Flickr, lo cual ya avisaré en su momento.