Entrada incompleta

Septiembre negro ya se fue, ¡eh, eh, eh!. Y fue negro, no porque la economía mundial ha sufrido uno de sus peores sismos con consecuencias aun desconocidas para los que conformamos el pueblo (o sociedad civil para los más elitistas), ni porque la ola de violencia en el país se volvió tsunami y el reguero de cadáveres -con granadas incluídas- se volvió el sonsonete de cada día. En realidad fue negrísimo, los demonios regresaron corregidos y aumentados, hubo días amargos, noches largas y no precisamente por andar de juerga. Hasta aqui en el blog se notó ese repentino silencio, esta incomodidad que permeó poco a poco, aunque sin inundarlo todo, como generamente ocurría en casos similares. Esa es la gran ganancia del Septiembre negro, que mientras alrededor todo se veia oscuro, yo, como las esposas del Nuevo Testamento, anduve con mis lámparas recargadas y nunca me tragó la oscuridad. En otras palabras pues, el contexto me fue adverso, pero salí avante. Espero que ese de que el mes sea tal como lo comienzas, porque ahora que recuerdo, Octubre lo comenzé de una forma deliciosa e inesperada, y más vale que sea asi; siguen los pronósticos de tormentas de fin de semana -más vale que me vaya comprando un nuevo paraguas-.

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