Lila Fantástica

La noche parecía comerse el sueño. Una Guadalajara caótica, con sus calles llenas de autos y el tiempo avanzando sin inmutarse ante la cada vez mayor ansiedad de no llegar a tiempo a la cita. Y despues de consentir que el taxista circulara en sentido contrario, de estar atrapados en un congestionamiento, de estar detenidos detrás de una avioneta en pleno centro de la ciudad, de sentir que los minutos eran de 30 segundos, despues de todo, estábamos ahi, afuera del Teatro Diana que lucía lleno en su explanada. Claro que dejamos para luego conocerlo a detalle, estábamos sobre la hora y apenas si atinábamos a dirigirnos a nuestros asientos. Excelente lugar por cierto, con una buena vista; aunque... malo para mi intención de grabar al menos algo del concierto. Los encargados de la logística no permitian sacar cámaras, y las grabaciones que hice pues, honestamente, tendré que hacer un esfuerzo para que la versión final sea algo presentable.

Pero no es importante lo ocurrido con la cámara. Estaba ahi, y al filo de las 21:00 horas las luces se apagaron, el murmullo del público enmudeció, y el telón se abrió para recibir a la oaxaqueña, la sonriente, la de los dientes grandes, la de las trenzas largas, la de la minifalda que dejaba ver sus piernas, la de los tacones altos y negros, la que me ha embrujado con su música. Estaba ahi, y poco a poco se fueron desgranando nuevas y clásicas de sus canciones, haciendome suspirar con 'Yo envidio al viento', recordar otros amores con 'Paloma negra', retorcerme en mi asiento con 'La cumbia del mole', emocionarme al tope con 'El corrido de Tacha la Teibolera'. Y ahi, viendo, escuchando y sintiendo, darle nuevos sentidos a sus canciones, a ese 'Taco de palabras', a esa 'Justicia', a ese 'Perro negro', a esa 'Llorona' que en su voz hace olvidar tantas otras versiones que he escuchado, a ese 'Feo' que a veces siento tan identificado conmigo.

Pero el tiempo siguió terco en irse rápido, y el concierto me pareció un suspiro, un relámpago apenas que se va dejándonos la vista con una imágen grabada, difícil de borrar. Dos veces se despidió, las mismas en que regresó a darnos un poco más de su arte, tan poco entendido en su propio país, aunque cada vez más valorado, más difundido y más codiciado.



El concierto terminó y poco a poco abandonamos el lugar, y al igual que esa noche en que lloraba 'Naila', una enorme luna iluminaba el cielo tapatío, despidiéndonos de esa mágica velada en que conocí a la oaxaqueña que me tiene embrujado, a la fantástica Lila Downs.