Fuego

Iniciamos con unos viejos cuadernos, pasamos por un apolillado tapete, seguimos con la base de una cama, nos atrevimos a echar el colchón de los resortes sueltos, y terminamos con el roído tocador de conglomerado. Y las llamas crecían y crecían, y el fuego todo lo devoró.
Mis antiguos placeres piromaniacos renacieron.