Un recuerdo para Anabel

"A la pepa, pepa; y al pito, pito"
Anabel Ochoa.
A la Doctora Anabel la conocí hace casi diez años. No estoy seguro si fue a través de la televisión, pero si que me sedujo cuando comenzé a escucharla en su programa de radio 'Desnudo total' a través de W Radio. Recuerdo que para poder sintonizar la estación tenía que unir la antena del estéreo a un alambre de metal y asi medianamente poder escuchar, en ese entonces no tenia otro medio para poder saber de ella, y la única ventaja del horario nocturno de su programa era que asi podia escucharle, noche a noche antes de dormir.

Su voz aguardientosa, y sobre todo su desparpajo para hablar del sexo me hicieron uno más de sus muchos seguidores. Era la suya una voz poco común en un país donde el sexo sigue siento un tema prohibido para la mayoría. Y ella era capaz de hablar de tantos temas incómodos como si tratará de la receta de cocina que una vecina le había compartido. Y lo mejor es que sabía de lo que hablaba; no era ella una improvisada repitiendo un guión, sino una psicóloga y psicoanalista, además de comunicadora y actriz, que despues de vivir en Europa y el lejano Oriente, decidió establacerse en México. Llegó a considerarse como "una de las 100 personas que más influyen en la opinión de los mexicanos" (Viceversa).

Naturalmente criticada por muchos, colaboró en revistas, periódicos, radiodifusoras y televisoras, pasando de una a otra por encima del veto que luego termina imponiendose en el medio. Y de medio en medio la seguí yo, aunque fue mas a través de sus letras que estuve en contacto. Religiosamente me hice de la revista que mes a mes editaba, 'DesnuDarse', donde conocí un lado más humano, más profundo y meditado, alejado de su habitualmente extenso y profuso discurso. Siempre tenia mucho que decir.

Fue la noche del 31 de Mayo de 2001, en medio de una de las más agitadas épocas de mi vida, y acompañado de un antiguo y efímero intento de relación, cuando, bebíendo una cerveza en un bar local, la vi entrar y sentarse a tan sólo una mesa de distancia de donde yo ya no dejaba de verle. Por supuesto que me acerqué, y ella muy amablemente nos atendió. Era igual que en la tele, nos habló como si nos conociera de tiempo atrás, y hasta un regaño me llevé al decirle yo que cómo era que estaba ahi, en Ciudad Guzmán, si tenia programa de radio. "Para eso se dejan grabados niño...". Nos despedimos no sin antes pedirle el obligado autógrafo, una de mis posesiones más preciadas desde ese momento, y el primero, pero no único que conservo de ella.

Ayer, la Doctora Anabel falleció en la Ciudad de México. Se va una personalidad fuerte, recia, abierta, femenina, inteligente. Una mujer como pocas, a la que no me canso de leer, a quien debo agradecerle en parte mi vocación profesiona, mi interes por la desmitificación de la sexualidad humana, a quien le aplaudiré su valentía para dar voz a tantos que vieron en ella la oportunidad de ver la luz en las tinieblas de la ignorancia que aun nos cubre. Se va, y creo que aun tenia mucho por decir; pero nos deja un gran legado, el cual ojalá no se pierda, sino todo lo contrario, se siga abriendo la brecha que ella iba marcando.

Ojalá te diviertas, donde estés, tanto como aqui lo hiciste.