Como una ola...

Tengo tanto que contar y no se ni como comenzar. Han sido tantos los acontecimientos, tan precipitados, tan juntos uno del otro, que aun no termino de asimilarlos todos. Tal vez todo se inicia desde la forzada salida nocturna del sábado. Un domingo donde Lila no ganó el Grammy, pero intenso al conocer la fuerza de Edith Piaf. Un lunes demasiado intenso y placentero, que sirvió para que el martes, inesperadamente, como suelen ser los cambios, se me informara que era tomado en cuenta para un ascenco laboral; el resto de ese día me fue necesario para asimilar la noticia, que aunque en estos momentos de crisis suena atractiva, para mi fue el sueño hecho realidad en el peor momento. Esto, mientras Zapotlán se dormía con la noticia del fallecimiento del Obispo Emérito, un personaje amado y odiado, sin el que no se entenderían las últimas tres décadas de historia de mi ciudad.
El miércoles, inicié al fin el último paso para lograr mi titulación, al tiempo que recibía malas noticias respecto a la herencia legal de mi padre, cosas de ser el señor albacea. Así mismo, dos decesos más se hicieron presente en mi pequeña burbuja social, aunado al 4° aniversario de la muerte de mi abuela materna y al cumpleaños de uno de mis mejores Amigos. En medio de todo esto, Daisy me contó la historia de Benjamin, el hombre que nació anciano y murió niño, parábola de vida que ya con todo lo que he narrado se convirtió en una reconfortante guía para seguir adelante con esta cosa que llamamos Vida.
Por miedo, por costumbre, por necesidad; creí que podría revertir el ya no tan ansiado ascenso. Pero ya está todo hecho, y mañana sábado puedo decir que inicio una nueva etapa en mi vida, donde las cosas no se parecen en mucho a como eran hasta el lunes anterior. Claro está, hoy pasé por la despedida del personal de mi departamento, y mi parte sensible casi me traiciona en medio de los pasillos de abarrotes de la Soriana.
Así, en muy pocas letras, resumo una semana bastante intensa, pesada, emocionante, trepidante. Vaya, hasta mis sueños estuvieron llenos de adrenalina (eso de solar huracanes destructores en Puerto Vallarta no cualquiera).
Así son las cosas ahora. Y despues de tanto estrés y ansiedad, de tanto pensar y pensar, de tanta adrenalina y emociones juntas, es momento de relajarme, beber una cerveza y recargar energía, porque mañana, como pocas veces, será otro día.