El sabio y viejo adagio de que las cosas malas nunca llegan solas se cumplió cabalmente. y si hace una semana eran los cambios en mi trabajo lo que me impedía sentirme bien, hoy esa incomodidad se ha dimensionado a esferas del orden personal, muy personal. Y no se ya qué hacer, si seguir resistiéndome y tratar de calmarme, o ya mejor abrirme de brazos y dejarme caer, hasta que algo o alguien haya que sostenga mi caída. Pero ya ni de eso estoy seguro.
Pensé, creí que pasaría mucho tiempo para que volviera a escribir notas con este cariz de melancolía, pero mi apuesta está a punto de perderse. Aunque tambien creo que aun puedo ganarla, pero en este momento no se cómo, me encuentro inmovilizado, asustado, temeroso, y no se qué hacer. No se.
Puntilla uno: como todos los días salí a comprar mi periódico en mi hora de descanso, y justo hoy se agotaron los ejemplares del día.
Puntilla dos: este año no me alcanzó para llegar a la cita del carnaval. Esta era la hora, la noche esperada.