La hora del planeta -reflexiones después de la penumbra-

Me siente bien de formar parte de una acción global, poner mi pequeñito grano, granito de arena para logar alcanzar la meta propuesta. Y aunque tal vez se trate de algo simbólico, ahora que regreso a las luces y aparatos encendidos, me siento de buen humor, ciertamente satisfecho y contento de haber logrado apagar hasta el teléfono celular, ese que que nunca se apaga.

¿Y qué hice en mi hora desenchufada? Me salí de casa e, ilusamente, pensé ver alguna señal de que el ahyuntamiento local se habian interesado en el tema, de la misma forma que lo hicieron otras autoridades en el país. Y de la ilusión viene el desencanto, comprobé en al menos tres de los edificios más representativos de la ciudad que el cambio climático les importa un pepino (las imágenes al final). Eso si, cabe anotar que ahora vivo en un Estado Feliz, porque el Congreso Local a elevado a rango constitucional el derecho, protección y garantía a la vida, desde la fecundación y hasta la muerte de forma natural. Seremos felices por decreto, y seguramente ya no habrá muertes violentas, ni ejecutados, accidentados, suicidados ni abortados; y los que tengamos la bendición de estar vivos seguramente ahora si tendremos acceso a todos los servicios básicos, a una vida digna, a la seguridad, a poder andar por las calles, a no sentirse discriminadopor las ignorancias y fobias oficiales, a no ser atropellado por la corrupción, todo gracias a nuestros acertados diputados. Y claro está, derecho a vivir en un clima adecuado y confortable, sin olas de calor y sequía, sin contaminación, sin lagos o lagunas secas y sucias, sin tiraderos de basura: una vida digna, constitucionalmente dicho. Seguramente por eso les costó tanto apagar alguna de las tantas luces que inútilmente estaban encendidas esta noche.

Si, tengo sentimientos encontrados, pero gana el de sentirme bien conmigo mismo. Comprobado está que el cambio real inicia con la sociedad, y el resultado de la jornada, segun leo en internet, ha sido positivo.Claro es, por otro lado, que si esta iniciativa no va acompañada de acciones cotidianas, no servirá de mucho. Si ya iniciamos logrando desenchufarnos una hora, bien podemos crearnos el hábito de ser mas amigables con el planeta en el que estamos todos montados.