La otra plaga.

Tan inmersos que seguimos aun con el asunto de la influenza, que por poco olvidamos la otra plaga que se nos viene encima, la que ya nos alcanzó y ya estamos padeciendo. Han iniciado las campañas políticas para la jornada electoral de julio, en la que habremos de elegir presidente municipal y diputados locales y federales. Estamos condenados a padecer al menos dos meses de propuestas fantásticas y vacías, de descalificaciones personales sin fundamento, de ver a los candidatos en cada esquina, en la televisión, en internet, en la radio, en la calle, intentando caerte bien a fuerza de conseguir el voto. Ocho semanas en las que tendremos que ver como las ciudades se empiezan a tapizar de mantas con candidatos edecanes, luciendo sus mejores sonrisas, esforzándose por parecer amables, de mitines en los que en su mayoría repetiran lo mismo de hace tres años, lo mismo que hace seis, lo mismo que hace nueve, lo mismo que hace doce... Días estos en que aparecen las bardas pintadas con frases tan ilógicas que, de no ser porque las encontramos por todos lados nos darían risa.

Aun asi, sigo siendo un fiel creyente de que el domingo 5 de julio hay que ir a las urnas y votar. Tenemos dos meses para, en medio de su parafernalia farandulesca de candidatos bonitos y amables, rastreemos a aquellos en los que realmente podamos confiar. Ya no es tiempo de votar ciegamente por un partido o por un candidato, y menos de rendirnos y ni siquiera ir a emitir el voto. No estoy seguro aun si la propuesta de si anular el voto sea la mejor opción, pero esta al menos ya implica el esfuerzo de asistir y participar en el ejercicio democrático por excelencia.

Tenemos mucho para elegir, y contamos con los antecedentes de la mayoría de ellos, nuestra memoria no nos debe traicionar. Contamos con candidatos jovenes, y personajes siniestros que luchan por un fuero. Partidos con propuestas audaces y actuales, e institutos políticos manejados como emporios familiares, o secuestrados por nefastos personajes. Tenemos representantes de eso que llaman derecha, representantes de eso que llaman izquierda, socialistas, de centro, populares. Al final, se trata de eso, de elegir, y no quejarse luego cuando ni siquiera nos tomamos la molestia de votar.

Como ciudadanos es nuestra responsabilidad. Y ni hablar, soportar a los candidatos edecades de frases vacías y sonrisas colgate, que ha de ser, por dos meses, la otra plaga que debemos padecer.