Los primeros minutos del 2010.

Llegó callado. Sin pirotecnia ni ruido, sin gran escándalo, el 2010 entró y ha tomado posesión de su reinado de un año.
Un plato de pozole, un vaso de refresco, mi mamá y mi hermano mayor. La medianoche pasó, y estuve acompañado de quien físicamente está más lejos. A la par del año, una melodía de bienvenida, y luego otra, y otra.
Tal vez la mediahora más corta. Ya sin la cefalea que todo el día me atacó, y con la energía contenida, me decidí a iniciar el año trabajando: recogí la mesa, los trastes, limpié y dejé todo completamente limpio.
Breves mensajes llegan lentamente al móvil, y la noche se mira brumosa, algo ruidosa, y al parecer larga. Yo termino la limpieza, hago una llamada. Hablo brevemente. Voy al refrigerador, tomo una cerveza, me la bebo, y comprendo que lo siguiente que debo hacer es descansar.
¡Feliz año!