La masacre de Ciudad Juárez.

Una de tantas, se podrá pensar. Una más, unos muertitos más a la cuenta interminable, inagotable de sangre que tiñe a diario la información. Un gramo más de desensibilización a una sociedad que ya no aguante, o ya no siente.
De acuerdo a la mayoría de las fuentes noticiosas, la historia puede reducirse en una fiesta de adolescentes, hecha en la casa de alguno de ellos para evitar los riegos de un antro. Y ni así pudieron escaparse de una muerte violenta, de una batalla desigual entre sicarios y ellos, adolescentes que hacían lo que cualquiera haría un sábado en la noche.
Hace una semana, el tambien lamentable ataque contra Salvador Cabañas acaparó todos los espacios, todos los medios. Sin demeritar su lado condenable, acudimos a un bombardeo mediático, en donde Cabañas parecía ser el nuevo héroe nacional. Un simple ciudadano más, como yo, como todos, víctima de la violencia.
Hoy, la masacre de estudiantes apenas si es nota. Me provoca rabia pensar que como sociedad somos cada vez más insensibles, pero más me enoja la forma en cómo se conducen los medios de comunicación.
La violencia no se detiene. ¿Y la Procuraduría General de la República? pues presentando controversias constitucionales contra los matrimonios gay. Prioridades del gobierno laico pues.