Carlos Monsiváis ha muerto.

Y parece una muy mala broma. El viernes se fue Saramago, y ayer Monsiváis, el cronista por excelencia de México.

A pesar de que nunca se esperó el desenlace, casi tres meses hospitalizado terminaron por llevarse a un testigo imprescindible en la historia contemporánea de México. Defensor de las minorías, de humor a veces difícil de entender.

Confieso que no he leído casi nada de Carlos, fuera de algunos artículos e introducciones a libros. Sus columnas dominicales en Público me eran complejas, y aun asi semanas atrás me vi tentado a adquirir su crónica sobre el terremoto de 1985 en la Ciudad de México. Hoy dicha lectura se vuelve imprescindible.

Para él tambien, desde mi humilde espacio, le deseo un buen viaje, ojalá nos mande crónicas de todo lo que le toque ver en ese mundo en el que nos es ajeno, pero siempre propio por todo lo que nos legó.

Descansa en paz Monsiváis.

Fotografía: www.elporvenir.com.mx