Sábado 5...

Hace un año creí que mi vida era poco menos que perfecta. Leía mucho, escribía, colaboraba en un diario local, mis relaciones personales estaban muy bien, me sentía satisfecho con mi trabajo y, en general, con todo lo que estaba haciendo, no obstante que había sido un año complicado.

Mucho llovió a inicios de año pasado, y el Nevado de Colima se cubrió de nieve como hace tiempo no se cubría. Yo fui de paseo el 12 de Enero, el mismo día en que el gran terremoto devastó a Haití, dejándola más postrada que nunca. En Guadalajara, mi tía Lupe se iba consumiendo a consecuencia de un infarto cerebral, y a causa de ello me quedé sólo en casa por largas temporadas.

Fue en Semana Santa cuando comenzé a trabajar en la tienda de abarrotes, situacipon que en lugar de absorber mi tiempo, me permitió leer mucho, escribir, y explotar mi creatividad, aunque esto último no siempre fue bien recibido por mi jefe. En Mayo, se llevó a cabo mi acto de titulación. Y ya planeaba mi viaje al Pacífico mexicano para ese verano.

Y así es como llego al día que me interesa. El sábado 5 de Junio fui a Guadalajara, mi tía agonizaba y era, de hecho fue, la última oportunidad que tuve de verla viva. Ella pasó sus últimos días en el Antiguo Hospital Civil, y fue esa la segunda vez que entré a ese hospital; la primera, años atrás, fue a bordo de una ambulancia que transladaba a mi padre y que hizo una parada técnica en el patio del Civil Viejo. Recuerdo que aquel edificio me confundió, tampoco olvidaré cómo fue entrar a la sala de los enfermos, en donde mi tía, inconsciente ya, se aferraba en sus últimas horas.

Regresé a mi casa el domingo, pero desde un día antes noté algo: un ligero cansancio que no se iba a pesar de haber dormido lo suficiente en el camino y durante la noche del Sábado. Lo atribuí a que la noche del Viernes me había desvelado en la tienda en que trabajaba en una forzada y urgente remodelación y despues por ponerme a lavar mi ropa a la 1 de la madrugada, para despertar el sábado a las 6 de la mañana, a fin de terminar el movimiento de muebles en la abarrotería. Eso era, según yo, el origen de mi ligero agotamiento físico, y por lo tanto no hice caso de eso.

Pero el cansancio no se fue. Llegó y se instaló en mi vida permanentemente. Y ese sábado 5 inició la historia que terminó cambiándome la vida como nunca imaginé.

El resto de la historia algún día la contaré.

Mi tía falleció el Miércoles 9 de Junio, día de mi cumpleaños 29.