¿Cuándo fue que nos volvimos tan locos?

¿En qué momento pasamos la línea que dividía nuestra playa del desierto hambriento de vanidades? ¿Cuándo fue que tomamos el atajo de las vanidades para venir a dar a este fangoso recodo en el que parece que nos gusta vivir? ¿Cuándo decidimos cambiar la pirotecnia de nuestra noche por ese empañado foco rojo que apenas si nos alumbra al llegar a la noche?