Espero una postal.

Espero una postal que no llegará. Estoy lleno de promesas, y tú creces tu bitácora de viaje, pero las postales no llegan. A veces un rumor, luego, un saludo, tal vez una llamada. Y claro, la promesa de que enviarás una postal. Pero no llegan. Nunca han llegado. El cartero sólo trae estados de cuenta de la línea telefónica que contraté para estar en contacto contigo. A veces las ofertas de la tienda de moda, y en esta temporada, publicidad política que apenas si recojo para olerla antes de mandarla al fondo de los desechos. Y la postal no llega, tu viaje termina casi, y no llega...