Los amorosos. Cartas a Chepita.

“Los amorosos. Cartas a Chepita”
Jaime Sabines.




Comparto mi breve selección del libro póstumo de Jaime Sabines, el epistolario que recoge la relación entre el autor y su entonces novia, Josefa Rodríguez Zebadúa, quien es reconocida como Chepita.









feb/29/48
11 p.m.

“Yo creo, en verdad, que la mayor imprudencia que he cometido es no haberme muerto al  nacer. Porque eso de estar aquí y no aceptar las cosas como son, es debilidad. Bien está que yo piense un mundo mejor; pero antes debo tragarme –es la palabra-, antes debo tragarme, aunque sea por el privilegiado placer del último acto digestivo, este mundo real y verdadero en que disuelvo mi tristeza”.

Masoquismo, újule, o neurosis; el caso es que debo escupir para arriba, debo escupir mi dolor  y mi risa y mi concepción –a media sombra- del mundo, y mi angustia y mi temor y mi confianza y todo. Debería yo hacerme pura saliva para mancharme la cara, la pobre cara melancólica y seria que espanta la vida de mis ojos”.

“¿Carta de enamorado? No. Dios me libre de escribirte cartas de enamorado.
Te escribo aquí mi ira, mi conflicto, mi dolor, que es la forma más sincera de decir “te quiero”.

“Tratemos de dormir ahora.
Hasta mañana, amor.
¿Hasta mañana?
Ay amor, soñemos”.


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, julio 1° de 1948

“Toma huevos, no te gastes el dinero en medias lunas… Para lunas, las enteras, que todavía no he visto aquí, pero se dan muy buenas a medianoche”.



[25 de julio de 1948]

“Eso de mis citas Es puro cuento; son citas con un amigo, con una taza de café, con un libro. Y lo de que tenga ganas de enamorar alguien es cierto, pero yo siempre tengo ganas de enamorar a alguien. Lo malo es que siempre lo dejo para otro día”.


Julio 27/48

“Tú –yo- nosotros… Nosotros no importamos nada. Somos un accidente en el amor; nomás un accidente –una caída de piedra, el vuelo de una hoja, un lamento”.


[agosto 10/48]

“Torpe yo, que he querido hacerte a mi modo, a la manera de mi corazón, para que fuéramos uno solo en el mismo dolor, sólo uno en la misma alegría, sin límites, desconociendo la palabra último.

“Pero llega el día de la renunciación; se aproxima la hora de la conformación; cuando decimos “bien!”  y aceptamos la vida y las cosas como son, sin tratar más de modificarlas, refugiándonos en nuestro pequeño silencio, enclaustrándonos en nuestra pequeña soledad desesperada. Todo lo demás es esfuerzo baldío, pura aproximación a la esperanza.
Entonces, aquí, en esta hora, olvidamos el nombre, la palabra airada, y borramos el dibujo de nuestro corazón, y nos recomenzamos”.


Tuxtla, oct. 8 de 48

“¿Es posible que, a estas alturas, no creas en mí? ¿O te sientas débil ante la distancia y ante el tiempo? Yo nunca te he jurado fidelidad sexual; no podría ser; es absurdo; tu misma no la deseas. El que yo ande con otra no quiere decir que deje de andar contigo. Tú estas más allá de todo esto, linda. Sería hacerte pequeña introducirte en estas pequeñeces. Tú no eres ni circunstancia ni accidente –te lo he dicho-, tú eres intimidad, esencia.”


Oct 12 /49

“Casi no quiero hablarte, porque es precisamente en lo que callo en donde te digo más”.


Oct. 17 /49

“Harto bien sabemos, que la muerte espera en cualquier parte; a cualquier hora llega y zas, se acabó. Pero mientras estemos aquí llorando, riendo, desesperándonos, o esperanzados, tenemos que vivir. Porque cuesta mucho trabajo aprender, pero cuando se aprende no se olvida, que la vida se vive y no se muere. Ya basta de morirse. Dejésmosle a Santa Teresa su morir viviendo. A nosotros nos toca vivir viviendo. Vivir. Una cosa tan difícil y fácil a la vez. Tan dificil y facil como quererte, y tener que decirte todo esto.
   
Enójate si quieres, o alégrate si te place. Pero ya es hora de que te des cuenta de lo que tienes que hacer. Hay mucha gente que se enferma, hay mucha gente que padece soledad o sufre miseria. A la boca de todos los hombres acude el lamento, la desesperación, el grito. Somos animales de emoción, reaccionamos a todo lo que nos maltrata, tratamos de rebelarnos contra el mundo. Llegamos a ultima hora a decir: “Todo es vanidad y aflicción de espíritu”. Pero a lo largo de este caminar hay también alegría y paz y consuelo. No pretendamos que la noche es todo. Tanto miente el que ríe demasiado como el que sólo llora. El mundo no es “un valle de lágrimas”; en él hay también el corazón tranquilo, la hora alegre. 

Acude a tu corazón, acude al mío. Llora cuando tengas ganas de llorar, pero no estés llorando siempre. Cree que tu dolor es mi dolor, que yo padezco tu hambre y tu sed, que yo también desespero y maldigo, que yo también no se que hacer muchas veces. Pero mira también que me levanto y que no confió en la muerte. La muerte no es ningún remedio para el que desea vivir. La muerte es un débil consuelo que no me sobornará nunca. Es aquí en la vida en donde tengo que encontrar remedio de la vida. Y una buena receta es el amor y el saber mirar por encima de mi hombro mis propias penas. Mi miseria es una parte de la miseria humana. Y pueden sufrir con mi corazón todos los hombres”.


Nov. 16/49

"Los que se quieren más son los que no han acabado de descubrirse, los que nunca acabarán. El día que sepas a ciencia cierta cómo soy y quién soy, estaré perdido”.



Sabines, Jaime. (2009). Los amorosos. Cartas a Chepita. México: Joaquín Mortiz.