El destino de los notables.

Me invitaron a una fiesta. Pero no sabía yo que, por estar catalogado como un "notable", mi comportamiento debía ser pulcro. ¿Quién va a una fiesta a portarse con seriedad? Al menos yo, y los otros catalogados como "notables", no.

Bebimos, reímos, bailamos. Y seguramente más situaciones que quedaron borradas convenientemente de mi memoria. Sólo recuerdo que al despertar del día siguiente, todas mis pertenencias habían sido robadas. Lo anterior no bastó para librarnos del regaño del anciano y gordo Caballero de Colón, que muy molesto insistía en que perder la cordura estaba permitido para los otros, los "no notables", pero no para nosotros. 

Al final, el castigo consistió en elegir souvenirs embodegados de pasadas campañas del Partido Acción Nacional: playeras, llaveros, tazas, chamarras, y hasta libros con la ideología olvidada por la borrachera que suele producir el poder.